Bogotá, D. C.

Bogotá, 31 de octubre de 2025. En medio del movimiento urbano y las obras del Metro de Bogotá, el nuevo intercambiador vial de la Calle 72 se abre paso como un ejemplo de cómo la infraestructura puede convivir con la naturaleza. Con más de 3.700 plantas ornamentales y 19 árboles nativos, este espacio se convierte en un pulmón verde que embellece, refresca y conecta la ciudad.

El diseño paisajístico del intercambiador, una obra complementaria de la Línea 1 del Metro de Bogotá, fue planificado con criterios técnicos y ambientales que garantizan resistencia, adaptabilidad y aporte ecológico. Entre las especies sembradas se encuentran Agapanthus africanus, Dietes vegeta, Hebe sp., Acanthus mollis y Hemerocallis flava, seleccionadas por su capacidad de prosperar en el clima bogotano, su bajo consumo de agua y su aporte visual.

Para la arborización, se eligieron Guayacanes de Manizales (Lafoensia acuminata) y Yarumos (Cecropia telenitida), especies que aportan sombra, oxígeno y color al entorno urbano. Los árboles fueron sembrados en contenedores especialmente diseñados para permitir el correcto desarrollo de sus raíces sin interferir con rampas ni accesos peatonales.

Beneficios que se sienten en el ambiente

El paisajismo no solo embellece, también mejora la calidad de vida.

Las plantas y árboles del intercambiador contribuyen a:

  • Oxigenar el aire y capturar dióxido de carbono.
  • Regular la temperatura, reduciendo el efecto de isla de calor.
  • Atenuar el ruido urbano, gracias a su función como barrera natural.
  • Atraer polinizadores, fortaleciendo la biodiversidad en pleno corazón de la ciudad.
  • Generar bienestar emocional, creando espacios más agradables para caminar, descansar o simplemente disfrutar del paisaje.

El mantenimiento de esta jardinería es una labor técnica y constante: incluye limpieza, deshierbe, poda, evaluación fitosanitaria y riego controlado según el clima.
Estas acciones permiten conservar el vigor de las plantas y mantener la armonía visual del espacio.

El éxito de esta intervención también depende de los ciudadanos. Cada persona puede contribuir con pequeñas acciones que marcan la diferencia:

  • No pisar ni dañar las zonas ajardinadas.
  • Evitar arrojar basura o residuos.
  • Participar en jornadas comunitarias de limpieza y cuidado.
  • Reportar daños o vandalismo a las autoridades locales.
  • Promover la educación ambiental entre niños y jóvenes.

    Este paisaje urbano, cuidadosamente diseñado, no solo embellece la ciudad: invita a convivir con la naturaleza, incluso en medio del concreto, y refuerza la identidad ambiental de Bogotá.

     

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